El hábito del uso de chupón o chuparse el dedo son hábitos de succión no nutritiva. Ocurre casi instintivamente desde nacimiento y durante los primeros meses son considerados normales porque se asocian a la necesidad de satisfacción afectiva y de seguridad. Sin embargo, su mantenimiento en el tiempo o años puede dañar la boca de los pequeños.
La succión debe ser ejercida solo durante un periodo de tiempo determinado y luego extinguirse progresivamente a medida que van apareciendo los primeros dientes. Existen secuelas eminentes tras el uso prolongado (más allá de los 2 años) y se relacionan las malformaciones de la boca con problemas en el desarrollo y posición de los dientes, maxilares y lengua.
La masticación, la pronunciación o la respiración pueden verse afectadas. Pero ese riesgo es mínimo si el niño deja de chupar entre los dos y los tres años pudiéndose llegar a corregir espontáneamente.


